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Sunday, October 16, 2011

Fin de semana en Maine


Los estadounidenses son gente muy práctica. La mayoría de las fiestas las hacen coincidir con jueves, viernes o lunes para tener puentes. Así, este pasado lunes se celebraba Columbus Day (el Día de la Hispanidad), pero en vez de caer en 12 de octubre como pasa cada año en España, aquí se celebra el 2º lunes de octubre, por lo que puede caer entre el 8 y el 14 de octubre. Hasta principios de la semana pasada no tenía ningún plan, y como no me quería quedar en Boston durante uno de los últimos fines de semana de buen tiempo del año, miré cuál era el Parque Nacional más cerca de Boston.



Maine es un gran estado en extensión (no tanto en población) que queda en el extremo noreste de Estados Unidos, haciendo frontera con las provincias canadienses de Quebec y Nuevo Brunswick por el norte. Es una zona conocida por su naturaleza y allí se encuentra el Parque Nacional de Acadia, el primer Parque Nacional de los Estados Unidos al este del río Misisipi. Para llegar allí alquilamos un coche en Enterprise, muy barato porque conocemos a alguien que trabaja allí. Bueno, no lo conozco yo, sino que es un amigo de Lauro, el compañero de trabajo mexicano que se vino conmigo a Maine.


Salimos el viernes por la noche y llegamos a las inmediaciones de Acadia pasadas las 00:00. Pillamos las llaves de nuestra habitación en un hotel muy mono (Knights Inn Bar Harbor), un edificio largo de una sola planta con porches y sillas a la entrada de cada habitación, y a dormir hasta el día siguiente. No dormimos mucho, a las 8 estábamos duchados y desayunando en el hotel (café, zumo y mufins, nada espectacular). Pillamos el coche, condujimos hasta el parque, compramos nuestro pase semanal (es obligatorio comprarlo aunque solo entres una vez) y condujimos por la carretera circular que rodea el parque. Llegamos a las inmediaciones de Sand Beach y dejamos el coche para empezar la primera caminata del día: subir al Beehive y al Gorham Mountain pasando por el lago The Bowl. Bajamos hacia la playa y volvimos al coche por el camino paralelo al mar. Nos hicimos unos sandwiches y nos los tomamos en Sand Beach, disfrutando de la arena y las olas. Lauro que es un valiente hasta se bañó mientras yo disfrutaba del solecito otoñal.



Y por la tarde seguimos con el coche por el Loop (carretera circular) hasta el Jordan Pond (un gran lago) donde nos hicimos el perímetro del lago y subimos al pico Penobscot, desde donde se disfrutaba de unas magníficas vistas del parque. Bajamos, pillamos el coche y nos fuimos de vuelta al hotel, pero antes haciendo dos paradas estratégicas. La primera fue en un restaurante al lado de la carretera, donde venden marisco y te lo cuecen para tomártelo en unas mesitas que tienen al aire libre. Imaginaros el buen tiempo que hacía, ya que Maine es conocido por su mal tiempo, y estábamos cenando al fresco. Buenísima la langosta, seguida de medio kilo de mejillones, una mazorca de maíz, ensalada de col y mucha mantequilla. Y la segunda parada, no tan sabrosa pero muy productiva, fue en el Walmart. Acostumbrado a los precios de Boston para todo, lo del Walmart me parece que estoy robando a alguien. Me compré cosas de primera necesidad a mitad de precio que lo que pago en Boston!


El domingo nos volvimos a despertar pronto y nos fuimos a alquilar una canoa para navegar por el Long Pond. Ni yo ni Lauro teníamos demasiada experiencia en el arte de las canoas, pero nos pusimos chuni chano y nos hicimos el lago de arriba a abajo. De vuelta, matados, Lauro tirándose una vez más al agua, devolvimos la canoa. Entonces fue cuando nos dijeron todo lo que habíamos hecho: 4 millas de largo tenía el lago, por lo que habíamos hecho 8 millas!!! Con la satisfacción del deber cumplido, nos pillamos el coche para ir a Bar Harbour, el pueblo central de la isla en la que se encuentra el parque. Muy bonito, con mucha vida y con gente con pasta.


Y la idea fue pasar el resto del tiempo conociendo los pueblos entre el parque y Boston. Así, antes de que anocheciera, nos bajamos a Candem, a una hora del parque, es un bonito pueblo al lado del mar. Cuando se hizo de noche decidimos bajarnos a un motel en Lewiston que habíamos pillado por internet y que estaba al lado de los pueblos que queríamos ver el día siguiente.


Empezamos con Freeport, que no está mal, pero es más un gran centro comercial que un pueblo! Como no nos gustó mucho (a Lauro le gustó más que a mi porque se compró medio pueblo) nos fuimos al otro lado de la bahía para ver el parque estatal de Wolfes Neck Woods, el que me gustó muchísimo. Pasamos un rato por allí antes de bajar a Portland, la ciudad más grande de Maine, donde se puede disfrutar del Puerto Viejo y de mucho ambientillo con tiendas y restaurantes en calles peatonales. Para cerrar el viaje, y antes de pillar el coche para volver, nos fuimos a un Domino's Pizza a disfrutar de una pizza con queso feta y espinacas.

Ya de vuelta a Boston, dejé a Lauro en su casa, deje mis cosas en mi casa, bajé al aeropuerto a dejar el coche y me volví con la sensación de haber pasado un grandísimo fin de semana.

Friday, July 08, 2011

Fin de semana en Washington DC


Tras pasar unos buenos días de formación en las oficinas de everis en Reston, decidí ir hacia DC para pasar el fin de semana. Hacía 5 años que no veía a muchos amigos y siempre hace ilusión reconectar con la gente. Bajamos en coche con otra gente de everis Jaime y yo y nos dejaron en Washington Circle, en casa de Brendan. Ahí estaba el buen Brendan, con la misma cara de siempre, con el pelo más corto y menos rizado. Me quedé a dormir en su sofá los dos días, y aunque es de los más incomodo, me salió bien barato :). El viernes salimos de su casa, le dimos un paseo a su nuevo perrito, llegamos hasta la M donde empieza Georgetown, y vuelta a su casa. John estaba en su azotea echándose la siesta, y como íbamos a su casa y no queríamos molestar paramos de camino en el Lima a tomar algo. John se ha mudado a un pisito muy mono (y muy pequeño) en Chinatown, en un condo con buenísimas vistas y con una terraza que tiene un par de piscinas y barbacoas. Nos tomamos una botellita de whisky con comida india y pasamos una buena velada. Para la noche nos fuimos al Eden. Una pena que Brendan estaba cansado, me daba palo tenerlo ahí medio durmiendose de pie, así que pasé a saludar a unos amigos, me encontré con gente por casualidad y a casa a dormir.


El sábado fue un día de mucho andar. Los que hayáis estado en DC sabéis de lo que hablo. Las avenidas son gigantes, los edificios no muy grandes y como se ve todo a la distancia parece que todo está a tiro de piedra. Pero no, todo está lejos, hacía un calor súper húmedo y acabamos el día matados :). Empecé solo, porque Jaime se estaba cambiando de hotel, y me paseé por la George Washington University. Han hecho un par de edificios nuevos pero el espíritu sigue ahí. Desde ahí pasé hacia la zona del FMI y el Banco Mundial, pasé por delante de la Casa Blanca y subí a la torre de la Antigua Casa de Correos, desde donde se tiene una vista panorámica de todo DC. Estando por ahí me llamó Jaime. Le fui a buscar a su nuevo hotel, dejamos todo y volvimos a andar. Pasamos por la Casa Blanca otra vez y nos dirijimos al principio del Mall en su extremo oeste. Ahí visitamos la estatua de Einstein delante de la Academia de Ciencias, los memoriales de las guerras de Vietnam y Corea y el memorial a Lincoln. Seguimos andando hacia el memorial de la Segunda Guerra Mundial y vimos el Washington Monument desde abajo. Subimos hacia la Casa Blanca, la vimos desde la parte de atrás y ya medio muertos pillamos un taxi hacia Georgetown.


Fuimos a comer a Los Huates, un restaurante mexicano donde nos estaban esperando Brendan, John, unas cervezas fresquitas y unas decentes fajitas de ternera y gambas. La parada duró lo justo para cargar las pilas y pateamos Georgetown hasta el Waterfront y cruzamos hasta el Watergate. Ahí pillamos otro taxi y al Museo del Aire y el Espacio. Ya me conocéis y los temas de los aviones me encantan. En este museo tenéis todas las cápsulas de los programas Gemini y Apollo con las que se llegó a la Luna, los primeros aviones con los que se cruzó los EEUU y el Atlántico, y sobre todo, el avión con el que los hermanos Wright realizaron el primer vuelo tripulado en un aparato controlado y más pesado que el aire. IMPRESIONANTE! De ahí salimos andando hacia el Capitolio y a Union Station. Me volví hacia casa de Brendan ya que habíamos quedado con unos amigos suyos para cenar. Tras la cena Brendan se quedó en casa y yo salí con David por Adams Morgan y Dupont Circle para recordar viejos tiempos.


Ya el domingo sólo teníamos la mitad del día, por lo que nos bajamos andando a los Archivos Nacionales donde se guarda la Declaración de Independencia, la Constitución y la Carta de Derechos de los Estados Unidos. Salimos una vez más al Mall y visitamos el Jardín de esculturas de la Galería Nacional de Arte, donde nos relajamos a la sombra en una fuente. Empezamos a caminar hacia el hotel de Jaime, paramos una vez más en la Antigua Casa de Correos para contemplar la vista, comimos algo y de vuelta al aeropuerto.


Nota: Para ir de DC a Dulles no es fácil si no te quieres gastar demasiado dinero. Pillamos el metro hasta West Falls Church y de ahí el autobús Flyer hasta Dulles. Demasiado complicado, demasiado tiempo perdido y al final te sale por 12$.

Ibiza


La semana pasada pasé un fin de semana express en Ibiza. Alán se nos casa en Septiembre, y para ver si conseguíamos que cambiase de opinión nos fuimos a Ibiza.

Nunca había estado yo en Ibiza. Parece mentira, a mis 26 años. La ida y la vuelta no fueron fáciles. Para ir paré en Frankfurt, y una vez allí tuve que pillar un vuelo que según la información de los paneles informativos iba con 5 horas de retraso (retraso inexistente y que no era más que un error informático... Me dejo muy mosca eso).

Pues el plan era nada más llegar pillarme un taxi en el aeropuerto y salir pitando hacia el puerto deportivo de Ibiza donde le daría una sorpresa a Alán antes de montarnos en un catamarán de fiesta. El catamarán ahí estaba y Alán, aunque la sorpresa no fue tal porque la noche antes se les había escapado :/. Pero el catamarán prometía y lo dimos todo. Un DJ, barra libre de cerveza y sangría, muchas chicas guapas, sol, motos de agua... ¡¿Qué más podemos pedir?!

Ya de vuelta al puerto nos fuimos hacia los apartamentos que habíamos alquilado. Los Apartahoteles Regina, en la Platja d'en Bossa, estaban bien para lo que pagamos, aunque cualquiera se mete ahí otra vez. Nos metimos uno más de lo que debíamos, y aún metiéndonos dos menos hubiésemos tenido problemas de espacio. Pero el sitio estaba bien situado, cerca de todo (creo que en Ibiza todo está cerca de todo) y casi sacando la mano por la ventana nos podíamos pedir una copa en el Bora Bora. Pasamos bastantes horas en la playa d'en Bossa, y aunque no es la mejor del mundo, tiene mucha marcha y mucha chica guapa.

Los temas importantes de salir fueron el jueves y el viernes. El jueves salimos a Pacha Ibiza, donde estaba pinchando David Guetta y una de sus fiestas "Fuck me I'm famous". La entrada se nos subió a 70€ pero no siempre está el Guetta pinchando para nosotros toda la noche. El sitio estaba petado, quizá demasiada gente, y os podéis imaginar el cuerpo que tenía yo ya habiendo volado todo el día anterior y después del farrón en el barco. Creo que me quedé más de una vez dormido de pie en el garito jaja.

La otra fiesta a la que fuimos fue la del Supermartxe en el Privilege. Creo que me gustó menos que la de Pachá, sobre todo porque tenía un performance sexual que daba un poco de cosa. La discoteca es impresionante, con capacidad para miles de personas, con un río que pasa por en medio... De ahí salimos a las 7, ya de día, contratamos un taxi pirata, y a dormir. Fue una noche rara pero divertida por estar con mis amigos.

La vuelta fue aún más odisea que la ida, ya que tuve que parar en Milán antes de llegar a Frankfurt. Deberíais haber visto la cara de la gente en el avión de vuelta! Un gran fin de semana, mucha pasta gastada pero con la ilusión de ver a Alán como el novio más enamorado del mundo

Thursday, June 23, 2011

IBIZA!!!


Si no ha habido ningún problema (como que el avión se haya retrasado dos horas en llegar), ahora mismo estoy en Ibiza. Estoy escribiendo esto desde Boston, pero como no voy a tener acceso a internet desde Ibiza, lo dejo preparado para mañana por la tarde. Estaré aquí todo el fin de semana para celebrar (aunque nos de un poco de penita) que Alán se casa con Mar, la niña de sus ojos. Espero volver vivo a Boston :)

Monday, June 06, 2011

Viaje a Montreal y Quebec City (III)


Llegamos con sol a Montreal después de dos días de lluvias. Salimos a dar una vuelta por la calle de Sainte-Catherine, algo así como el corazón comercial de Montreal, y nos dimos cuenta que esta ciudad con sol no está tan muerta como la habíamos visto el día anterior con lluvia. Aprovechamos para conocer toda esa zona y nos volvimos al hostal para hacer una pequeña fiesta alcohólica-gastronómica. Nos pillamos unas botellitas de vino blanco, algo más de comida y estuvimos bebiéndolo entre los 4. Gran noche :).

Y para cerrar el viaje, el lunes prontito subimos hacia el Mont-Royal, montaña que da nombre a la ciudad. Aparcamos cerca del lago de los Castores y fuimos andando hacia el Chalet desde el que se tiene una vista magnífica de toda la ciudad. Volvimos al coche, bajamos la montaña, pasamos conduciendo por toda la zona del Plateau de Mont-Royal ("la meseta de Montreal") y llevamos a la zona del estadio olímpico. Pasaemos por los alrededores del estadio y me sorprendió el estado en el que se encuentra, con hierbajos creciendo por todos lados. La arquitectura es flipante, un estilo de estos futuristas de los 70 y no nos cansamos de sacar fotos. De ahí pasamos a la zona del jardín botánico contiguo al estadio, nos tomamos unos helados al sol y de vuelta a EEUU.

El camino de vuelta estuvo marcado por el GPS que nos llevó por caminos de cabras en vez de por la autopista (!!) pero una vez más pasamos fenomenalmente la frontera con EEUU, condujimos por los bellos parajes de Vermont y llegamos a Boston tras 4 días sin parar las carreteras de Norteamérica.

Viaje a Montreal y Quebec City (II)


No estuvimos los 4 días en Montreal porque el hostal en el que nos queríamos quedar solo tenía habitaciones para las noches del viernes y el domingo. Y como veréis fue una suerte tener que ir a la ciudad de Quebec. Yo no sabía que la capital de la provincia de Quebec también se llamaba Quebec. Llegamos entre lluvia (el común denominador de todo el viaje) y nos alojamos en el hostal mientras oíamos como el Barça ganaba la Copa de Europa contra el Manchester United. Salimos a dar una vuelta por el Parc des Champs-de-Bataille (Parque de los Campos de Batalla donde lucharon en 1759 los franceses y británicos), los alrededores de la Ciudadela y todo el casco antiguo. Por primera vez tengo que decir que sentí que no estaba en EEUU o Canadá, sino en una pequeña ciudad del norte de Francia. Fue una sensación súper refrescante. Cenamos algo, nos tomamos unas cervezas locales en una discoteca gay y a dormir prontito.

El domingo nos despertamos prontito y salimos a andar. Pasamos por la espectacular estación de autobús y tren y llegamos al mercado municipal. Creí que siendo domingo estaría muerto pero los puestecillos de productos frescos y flores estaban llenos de mercancia. Desayunos unos deliciosos cafés con bollería recién hecha y con fuerza salimos a comernos Quebec. Pasamos por el pintoresco barrio de artistas hacia la calle de Saint Pierre, vimos el funicular que te lleva a la ciudad antigua, pero como somos unos machotes subimos andando por las escaleras. Una vez arriba entramos en el espectacular Château Frontenac (que alberga un hotel de lujo), advimos por las calles empedradas y acabamos en la Ciudadela, fortificación del Real Regimiento 22 de las Fuerzas Armadas Canadienses. Hicimos un tour guiado por dentro, nos llovió a mares, pero creo que es de las visitas que más me gustaron del viaje. Medio calados volvimos al hostal, recogimos el petate y de vuelta a Montreal.

Quebec es una ciudad espectacular, con muchísimo encanto, y que merece mucho la pena visitar.

Viaje a Montreal y Quebec City (I)


Con un poco de retraso escribo sobre el viaje que nos llevo a tierras canadienses durante el fin de semana del 27 al 30 de mayo. Aprovechando que el 30 de mayo se celebraba en EEUU el Día de los Caídos (Memorial Day) nos alquilamos un coche y subimos a la vecina provincia canadiense de Quebec para hacer un poco de turismo. Pasamos el 27 y 28 en Montreal, el 28 y 29 en la ciudad de Quebec y el 29 y el 30 en Montreal otra vez.

Los integrantes de la comitiva éramos Fernando (un español que lleva años trabajando en EEUU entre Phoenix y Boston), su novia Amelia y mi ex compi de trabajo Tania que está currando también en Boston. El viernes por la tarde Tania y yo fuimos a comprar víveres para el viaje (pan, embutidos y patatuelas) y la parejita nos pasó a buscar por el Wholefoods. Desde ahí, en nuestro magnífico Nissan Altima Hybrid (estupenda primera experiencia en un híbrido en un viaje largo) pasamos la frontera Estados Unidos - Canadá con uno de los agentes de inmigración más majos que nunca me han tocado.

Mi primera sensación al entrar en Quebec (no sé si será así en todo Canadá) es que uno parece que entra en un desierto. Era de noche eso sí, pero de repente el número de luces disminuye. Uno deja de ver pueblos alrededor, casi no hay gasolineras en las autopistas y no hay casi coches circulando. Muy curiosos todo. Así que llegamos a Montreal a eso de las mil de la noche, nos dirijimos al hostal que teníamos reservado y todos a dormir.

A la mañana siguiente tocó salir a andar por el casco antiguo de la ciudad. Desde el hostal hasta el centro bajamos andando, y aunque no estaba muy lejos, la lluvia hizo que el paseo fuese bastante penoso. Entre la lluvia y que todo estaba medio cerrado, empezó a crearse en mi un sentimiento contra Montreal. Llegamos a la zona centro, nos compramos un paraguas y seguimos andando. No estuvo mal, pero no me emocionó. Comimos algo rápido de vuelta al hostal y pillamos el coche hacia la ciudad de Quebec.

Monday, May 23, 2011

Lucky Star Nueva York a Boston


Para la vuelta de Nueva York a Boston opté por uno de los famosos "Chinatown buses". Estos autobuses cubren toda la Costa Este de los Estados Unidos y te llevan del Chinatown de una ciudad al de otro. Hay varias compañías que ofrecen estos servicios y en general son mucho más baratas que sus competidoras que viajan a las terminales de autobuses normales.

La diferencia de precio entre Lucky Star y Peter Pan es de 15,50$ a 22$ (un 40% más). Los autobuses salen desde Chrystie Street en el Chinatown de Nueva York por lo que antes de montarme aproveché para pillar unos deliciosos dimsums para llevar en un restaurante de la zona (hay miles!). Los puntos negativos son que los autobuses, aunque también tienen wifi, no tienen enchufes para cargar el ordenador y que si estás en las zonas turísticas alojado, tienes que bajar a Chinatown a por el bus. En cambio tardamos 4 horas justitas y te dejan en la misma South Station de Boston que los autobuses caros.

Peter Pan Boston a Nueva York


Para la ida de Boston a Nueva York decidí pillar el billete con Peter Pan Buses por una razón: llegan a la Terminal Portuaria de Nueva York. Los autobuses de Chinatown son algo más baratos (15,50$) pero pagando 22$ Peter Pan te deja cerca de Times Square, cerca de donde había quedado con mis amigotes para el finde en Nueva York. Una cosa que me sorprendió es que la página de Peter Pan te lleva a la de Greyhound para comprar algunos billetes y comparten autobuses (en el que fui era de Greyhound).

Los autobuses salen de la terminal de South Station, muy cerca de la oficina y al lado de la estación de tren del mismo nombre. El único problema que me encontré es que no me dejaron cambiar el billete por otro más pronto (llegué con más de una hora de adelanto porque había poco curro en la ofi) si no pagaba 15$ (casi el 100% del precio del billete!). El resto fue todo super positivo: autobuses con mucho espacio, nadie se sentó a mi lado (aunque creo que solo quedaron dos asientos sin ocupar en todo el autobús), wifi gratis con enchufes para cargar el ordenador y una parada de 10 minutos para estirar piernas.

Tardamos algo más de lo que me esperaba, pero eso era porque salimos de Boston a las 16:00 un viernes, y entramos al centro de Nueva York a las 20:30, al final poco más de 4 horas y media. Muy buen servicio.

Monday, April 25, 2011

Quinto y último día


Como todo lo bueno en la vida, las cosas se acaban. Para el último día en París había dejado cosas bastantes relajadas. Salí en metro hasta la parada de George V y de ahí me fui andando por las avenidas de Georges V y de Montaigne donde se concentra todo el lujo de la ciudad. Quien fuera rico y viviese en París...

Pero como el cultura es la riqueza que mejor me puedo permitir seguí andando por delante del palacio del Eliseo y de la embajada estadounidense hasta llegar al Ópera Garnier, una de las grandes óperas de París. ¿Porqué se llama así? Pues porque el arquitecto fue Charles Garnier y como gran ciudad europea París tiene varias óperas y no sólo una Ópera de París.

El estilo de este edificio es de lo más ecléctico. Tiene un poco de todo: estilo beaux-arts con algo de neoclásico, algo de neobarroco, rococó por todos lados... Parece ser que cuando se estaba haciendo durante el imperio de Napoleón III, su esposa, la española Eugenia de Montijo, preguntó que cuál era ese estilo, a lo que Garnier se salió con mucha clase: "Esto... esto... esto es el estilo Napoleón III!".

Nos llevó en un tour un chico estadounidense buenísimo, no sólo era un experto en arte y ópera, sino que también sabía cantar (nos dio una demostración en la escalinata de la ópera que nos dejó a todos helados). En un principio no podíamos entrar dentro de la sala principal porque había ensayo, pero... en el último momento nos dijeron: "Tenéis 5 minutos para ver la sala por dentro!". No sabéis el subidón de todos, ver la ópera por dentro, con un espectáculo de ballet ensayando... GRANDÍSIMO!

Siendo el último día me quería dar una buena comida, y Marine el día antes me había recomendado comer dentro del Petit Palais. Este edificio, construido para la exposición universal 1900, tiene un estilo muy parecido al de la ópera. Pues dentro tiene un jardín "secreto" junto a un restaurante. La comida no es nada del otro mundo (me tomé un steak tartare normalillo) pero uno come al aire libre, en un precioso patio de columnas y jardines... De los sitios con más encanto en los que he estado.


Y por la tarde me recorrí uno de los itinerarios recomendados por la Lonely Planet por el Barrio Latino y Saint-Germain-des-Prés. Cayó una deliciosa crepe con nutella y plátano, disfruté con los palacios y universidades de la zona, y ya cuando estaba destrozado volví al hotel.

Decir que el día no acabó ahí, porque por la noche había final de la Copa del Rey entre el Madrid y el Barça. Fui a verlo al pub James Joyce al lado del hotel y pude disfrutar con la victoria del Madrid en la prórroga.

Al día siguiente, check out, autobús de vuelta al Charles de Gaulle y vuelo a Madrid con algo de retraso

Cuarto día: Orsay y Bateaux Mouches


El cuarto día en París, para no romper con la rutina, volví a levantarme super pronto. Sí, había vuelto a leer sobre las enromes colas que se formaban frente al Museo de Orsay. Además, había una interesantísima exposición sobre Manet que quería ver.

Y como no cobran por andar, me bajé andando desde Porte Maillot hasta el Orsay. Como salí con tiempo de sobra me paré en un pequeño café del bulevar Hugo a tomar un desayuno: tostada, cruasán, zumo, café y tortilla francesa (que allí la llaman "natural"). No sabéis el lujo que es tomarse eso en una pequeña terraza leyendo el L'Equipe. Pues bajando bajando llegué al museo de Orsay, y aunque aún no habían abierto las puertas, la cola ya cubría toda la esplanada delante del museo... De pronto abrieron una pequeña taquilla para venta anticipada y entré a preguntar. Me dijeron que si compraba una visita guiada, aunque fuese para el mismo día, ese era mi sitio. Fenomenal, era las 9:00, la visita era a las 11:00 y me había ahorrado una cola gigante.

¿Y qué hace uno con dos horas en París? Pues primero tomé el sol media horita en Tullerías, en esas sillas tan chic que hay al lado de las fuentes. Luego me di un paseo por esos grandes barrios: llegué a la plaza de la Concordia, subí hasta la plaza de la Madeleine, pillé el bulevar hasta la Ópera, compré entradas para un tour al día siguiente guiado y volví a bajar hacia el Orsay pasando por la plaza Vendome.

¿Porqué quería pasar por ahí? Hace un tiempo que estoy pensando en comprarme un reloj, un reloj bueno. De momento entre mis favoritos están los Longines y los Patek Philippe, pero qué sitio mejor que París para ver alta relojería. Y os tengo que reconocer que de los relojes que vi en los escaparates alrededor de la plaza Vendome todos eran muy horrosos: reljoes hiper orteras, con muchos diamantes, de colores extraños...

Llegué a eso de las 10:45 a la puerta del Orsay y la entrada para los que ya teníamos tiquet daba MIEDO. Viendo que no entraría a tiempo le dije al segurata que no me daría tiempo y me coló :). Ya estaba dentro de esta gigantesca estación de tren reconvertida en museo de arte. La visita nos la dirigió una señora cuyo inglés no era mejor que el del señor que nos llevó por el Louvre. Empezamos con algo de neoclásico y estilo ecléctico para pasar al realismo y terminar con el impresionismo y postimpresionismo. ¿Qué es lo que más me gustó? Pues volver a ver muchas piezas que ya había visto en una exposición de la Fundación Mapfre en su ambiente natural y otras obras conocidísimas como El taller del pintor de Courbert, Desayuno sobre la hierba de Monet, La madre de Whistler o las bellezas imaginarias de Tahiti de Gauguin.


Una gran sorpresa de este museo fue también el restaurante que tienen. Suelo huir de los restaurantes de los museos, pero este me encantó. El salón es espectacular y el menú no estaba mal: plato del día (salmón con verduritas) y de postre una île flottante (unas claras montadas sobre natillas que no me apasionó).


Por la tarde, tras acabar de ver las esculturas de Rodin del museo, me subí andando poco a poco por lo que había sido el antiguo barrio de Guille cuando se mudó a vivir al principio a París, en la rue Grenelle. De ahí, subí andando al Palais de Tokio, del que me habían dejado unas entradas en la habitación del hotel. Nada espectacular y vuelta al hotel antes de quedar por la noche con Marine.

El último plan del día era quedar con Marine en los Bateaux Mouches. Estas son las barcazas que surcan el Sena durante el día y la noche para ver los monumentos desde otra perspectiva. No nos defraudó a ninguno de los dos. Salen desde un poco antes del puente de Alejandro III y van hasta el final de la isla de San Luis para regresar pasando la torre Eiffel y volver a atracar al lado de la plaza de Alma. Creo que pillamos una gran hora, las 8, cuando estaba atardeciendo y los últimos rayos de sol daban un color amarillento a los edificios de piedra de París. Muy guiri (habia japoneses, un español y una francesa) pero muy chulo. Para cerrar el día cena en el barrio de Marine (Villiers) en el restaurante Le Village.

Sunday, April 24, 2011

Tercer día: Inválidos y Marais


El lunes decidí darme un día más relajado que los dos días anteriores. Así que salí del hotel sin muy buena idea de qué es lo que iba a hacer. Lo bueno de estar en Porte Maillot es que pillas la linea amarilla de metro y eso te lleva por todo el centro de París, así que en cuanto te da la gana, te bajas y tienes algo que ver.

En esas estábamos cuando en la parada de Franklin Roosevelt se me ocurrió ir hacia Los Inválidos. Cuando visité a Guille las dos primeras veces estuve en sus alrededores, pero nunca había entrado. Así que bajé un poco por los Campos Eliseos, pasé entre el Petit y el Grand Palais, crucé el puente de Alejandro III y ya estaba en la majestuosa explanada de Los Inválidos.

Este espectacular edificio nació residencia real para soldados y militares franceses retirados, lisiados o ancianos (aún hoy hay una pequeña parte del edificio exclusiva para ellos). Pero la mayor parte alberga museos y memoriales.

Lo primero que visité tras pasar por el patio central fue el museo del ejército, donde se recogen 2000 años de armas y joyas bélicas francesas (armaduras, cañones, espadas, trabucos...). De ahí pasé a lo que tal vez más me impresionó de la visita, que fue el Museo de la Orden de la Liberación. Aquí se rinde homenaje a los franceses que tanto desde dentro (la Resistencia) como desde fuera (como el general De Gaulle) lucharon contra la ocupación alemana. Un puñado de ellos recibieron la condecoración sobre la que gira este magnífico museo. Y para terminar uno va al otro lado del palacio para entrar en la tumba de Napoleón. Debajo de una gigantesca cúpula adornada con alegorías, descansa la tumba más grande que he visto en mi vida (y que al parecer era para un señor bastante pequeñito). A los lados de esta gran capilla descansan los restos de otras personalidades como su hermano José "Pepe Botella" Bonaparte o el Mariscal Foch.

Terminada la visita a Los Inválidos me fui hacia el trabajo de Marine, con quien había quedado para comer. Me llevó a una deliciosa terraza donde degusté un maravilloso cordero y de ahí, tras dejarla otra vez en el curro, subí andando al parque Monceau donde hice la digestión.

Pero aún nos quedaba toda la tarde. Seguí el itinerario de la Lonely Planet para recorrer el Marais de una punta a la otra, y como siempre, este barrio nunca falla. Los hôtels particuliers, la plaza de los Vosgos, las tiendas de moda... Todo es precioso. Y andando desde la plaza de la Bastilla llegué al centro Pompidou, donde me relajé y vi un par de espectáculos callejeros.

Segundo día: Versalles


El domingo me desperté otra vez súper pronto. La Lonely Planet me alertaba una vez más de las largas colas para entrar en Versailles (sobre todo domingos y martes :/) por lo que emprendí mi aventura hacia el campo parisino. Para llegar desde Porte Maillot, donde estaba mi hotel, lo más fácil es pillar el RER hasta Campo de Marte y cambiar a la linea que acaba en Versailles. Una vez allí, y emprendida la carrera para ganar a los millones de japoneses que iban en el mismo tren que yo, se llega al palacio en menos de 5 minutos.

Eran cerca de las 9:30 y la cola para entrar ya daba miedo. No era la cola para comprar entradas, era la cola para entrar! El día antes había comprado las entradas para el palacio y los jardines online, pero estaba un poco acojonado porque no me había dado ninguna entrada más que el email de confirmación. Así que con ese papel y colándome con un grupo de japoneses que habían llegado una hora antes me fui directo para dentro de una caseta prefabricada donde está el punto de seguridad y donde un señor muy amable (no como los del Louvre) me dio mi entrada.

Dentro del palacio se puede obtener una audioguía que viene incluida en el precio de la entrada. Es espectacular. Así como el patio de armas (por donde se entra al palacio) no es muy grandioso, el palacio por dentro lo es. Y uno, con la cantidad de gente que hay, se mueve al ritmo de la masa. BUUUM, BUUUUM. Hay todo tipo de detalles en las lámparas, en los techos pintados, en los aposentos reales, en los ventanales que dan a los jardines...

Recorrí toda esta parte sin prisa pero sin pausa porque a las 11 empezaba el espectáculo de música y fuentes en los jardines del palacio. Me anduve casi todos los jardines y cuando se acabó la música y el agua me dirigí hacia el Gran Trianón. De ahí, por detrás, andando a los dominios de María Antonieta y su cursí granja y de vuelta hacia el Pequeño Trianón.

Tras andar mas kilómetros de los que debería y habíendome tomado un panini malísimo en el pueblo de Versailles me volví en el RER.

El palacio y los jardines, impresionantes. Si Luis XIV quiso impresionar a alguien en aquel entonces, que sepa que sigue impresionándonos ahora.

Primer día en París: Louvre



Los billetes que pillé hace tiempo para ir a París eran baratísimos, pero tenían un pequeño inconveniente: el sábado salía a las 6:40 desde Barajas. Así que intentando ahorrar un poco de pasta decidí ir al aeropuerto con la nueva linea de autobuses exprés que va desde Atocha (sólo durante el día) y Cibeles a Barajas. Un taxi desde casa a Cibeles, 2 euros de Cibeles a la T-1 de Barajas y en un periquete estaba en la puerta de embarque. Por suerte tan pronto por la mañana los vuelos de easyJet aún no van con retraso por lo que bien cómodo en la salida de emergencia llegamos a la hora a París.

Otro viaje en autobús desde el Charles de Gaulle hasta el Meridien Etoile ya estaba totalmente asentado en la ciudad de las luces. Pensé que una buena forma de empezar era visitando el Louvre. Ya pensar en este museo que ocupa más de 200.000 m² y con 35.000 piezas expuestas da miedo. Siguiendo el consejo de la Lonely Planet pillé la entrada en un estanco del Carrousel du Louvre y me salté la larga cola que hay en las taquillas principales. Como solo tenía pensado pasar un día en el Louvre (un museo que según dijo el guía tardas 15 días en verlo detenidamente) pensé que lo mejor era participar en una visita guiada en inglés.

El guía, un joven francés, blanquecino, con una media melena rubia, un pañuelo de Hermés sobre su chaqueta azul y con un acento que en España llamaríamos vallecano (allí tiene más glamour porque es acento de la ribera derecha) nos enseñó las piezas más importantes del Louvre, empezando por el arte egipcio y sus magníficas esfinges, pasando al arte greco-romano con esculturas como la Venus de Milo, pasando a arte renacentista de Giotto y el Bosco, luego pasando a pintura del siglo XVI de da Vinci o el Veronés y terminando con pinturas del siglo XVIII y XIX de Rigaud o Delacroix.

Sí, muchas cosas para un tour de apenas dos horas. Todo me pareció excepcional aunque sigo sin entender qué es lo que tiene La Gioconda de da Vinci que atrae tanta expectación hacia este cuadro. No me parece que tenga una técnica fina, me parece como todo lo que hacía da Vinci muy oscuro, el fondo no aporta nada al cuadro y tienes que pelearte con 10.000 japoneses para poder ver el cuadro.

Para intentar liberarme de todo el estrés vivido en mis primeras 3 horas de visita en París me fui un poco hacia el norte a comer delante de la Bolsa de París, en el Vaudeville. Me pedí el menú del día, con un pastel de salmón y un steak tartare acompañado de una deliciosa cerveza Grimbergen, en la terraza disfrutando del sol.

Ya por la tarde volví al Louvre para visitar tranquilamente las colecciones de arte antiguo: Oriente, Egipto, Grecia, Roma, Islam. Espectacular la colección de este museo. Uno se va de vuelta al hotel con una sensación de enanismo frente a este gran altar de la cultura que es el Louvre.

Semana Santa en París



Ha sido una gran Semana Santa. Como muchos sabéis últimamente las cosas han estado un poco movidas por mi lado y no estaba seguro si iba a pasar estos días en París pero creo que ha sido muy bueno para mi seguir adelante con los planes de París en Semana Santa.

Esta era la tercera vez que visitaba París tras las dos escapadas que tuve el año escolar pasado para ver a Guille mientras disfrutaba de su Erasmus en Dauphine. No visité ningún museo en las anteriores visitas por lo que este era el gran objetivo de este viaje: visitar por dentro todo lo que pudiese de París. A uno lo primero que le viene a la mente es el Museo del Louvre, pero París tiene muchos otros palacios y museos que visitar como el Museo de Orsay, Los Inválidos, el Palacio Garnier (Ópera de París) o la escapada al Palacio de Versalles.

Cuando uno va a París, sea cual sea la época del año, se va a encontrar con más turistas que en ningún otro sitio del mundo. Será Semana Santa en Europa, pero todos los chinos y japoneses que había en París no creo que estén allí por eso. Todo es caro, mucho más caro que en Madrid, pero el placer de disfrutar de París no tiene precio. Me quedo con la frase de Enrique IV de Francia, que tuvo que convertirse al catolicismo para terminar con las guerras de religión de Francia y que dijo "París bien vale una misa". París, je t'aime!

Lonely Planet Paris


Una semana antes de irme a París compré en Amazon la 8ª edición de la guía Lonely Planet París que se publicó en Enero de 2011. Como siempre la Lonely Planet es un seguro allá donde vayas y os quería resumir los pros y contras de esta edición:

1) Como siempre, el apartado de intendencia que le llamo yo (horarios, transportes...) está súper actualizado. En al avión yendo hacia París no estaba muy seguro como llegar al hotel y gracias a la guía me enteré que un autobús de Air France paraba en Porte Maillot, al lado del hotel.

2) Los tours caminando por la ciudad, con las paradas recomendadas, están súper bien. Hice el que recorre el Marais y parte del que va por St Germain y el Barrio Latino. Sin embargo, con una ciudad tan grande como París se hecha de menos algún itinerario más aparte de los 5 que nos describen.

3) Súper importante las recomendaciones que dan de llegar a todo pronto. No sabéis el estrés que da estar en París, querer hacer cosas y encontrarse a otro medio millón de personas queriendo hacer lo mismo a las 10 de la mañana de un día de vacaciones.

4) Muy útil el mapa que incluye del centro de París desplegable.

5) El mayor pero que le veo a la guía es su flojo índice, ya que no es un índice general, sino que está dividido en secciones y por ejemplo, cuando buscas el Petit Palais no sabes si está en el índice de museos, de palacios o de atracciones culturales. Deberían mejorar eso.

Esta versión de la Lonely Planet para París, como todas las que editan los de Lonely Planet, me ha hecho este viaje mucho más fácil y cómodo.

Hotel Le Meridien Etoile


Gracias a los puntos SPG que había obtenido mientras estuve en el México viviendo durante más de 3 meses en el Sheraton Santa Fe, conseguí gratis 5 noches de alojamiento en el Le Meridien Etoile de París. La situación del hotel no es la más céntrica, pero el enfoque del hotel es para personas de negocio que trabajarán alrededor del Palacio de Congresos al otro lado de la calle. Además, una cosa que me gustó mucho es que hay unos autobuses de Air France que te llevan desde la puerta del hotel a las terminales del aeropuerto Charles de Gaulle sin paradas intermedias (15€ por trayecto).

Respecto del hotel, es un pedazo de hotel con unos pasillos interminables de habitaciones. Al ser cliente platino de SPG me alojaron en una habitación algo mejor que el resto, un poco más grande y con un gran ventanal, gran cama con un pequeño escritorio y baño anexo. Sin embargo hubo cosas que no me convencieron: el ventanal da a un grandisimo patio interior que se usa para alojar autobuses. La mampara de la ducha está mal diseñada y todo el agua se sale al ducharte. O la tele es tan inteligente que no se puede modificar el contraste y el brillo que durante el día y con la luz del sol no se ve bien.

El hotel me sirvió, pero si se va de turismo tal vez sería mejor estar más céntrico. Por los precios (que no tuve que pagar) me pareció demasiado caro.

Wednesday, October 27, 2010

Ribera Maya (Tulum)


De camino hacia Chichén Itzá había pasado por Tulum, y todo el mundo me había dicho que la ubicación de estas ruinas era espectacular (algo así como la colonia romana en la playa de Bolonia de Tarifa). Pagando la correspondiente entrada al parquing y una entrada al monumento más cara de lo que me hubiese gustado, empecé a andar por una zona medio selvática. Tulum significa muralla en maya y es porque la ciudad está rodeada por las murallas en 3 lados y por el mar Caribe en el otro. La zona está llena de iguanas, y dan una ambientación Indiana Jones al camino.

Pero lo mejor sucede cuando se sube hasta el Castillo y el Templo de la Estela, que se puede ver el precioso mar y las ruinas juntos. PRECIOSO. Como dice la Lonely Planet uno tiene ganas de romper el billete de vuelta con estas vistas. Saliendo de las ruinas me fui un poco más al sur, y en la siguiente salida de la autopista me dirigí a playa Diamante, donde no hay nada y eso la hace especial. Relax, una cervecita, mi nuevo libro (Lords of Finance) y una buena forma de acabar mi viaje a la Ribera Maya.












Monday, October 25, 2010

Ribera Maya (Chichén Itzá)


Después de llegar tarde el jueves y conducir a Playa, me levanté el viernes a eso de las 7 de la mañana. A las 8 tenía una llamada del trabajo y la atendí de camino a Chichén Itzá. A mi Chichén Itzá me sonaba a Kentucky Fried Chicken, pero eso es pura ignorancia. Es una antigua ciudad Maya que se ha convertido en Maravilla del Mundo en una de las últimas votaciones que se hizo online. El camino más rápido desde Playa a Chichén Itzá es bajar hasta Tulum, luego subir hacia la autopista de Cancún a Mérida y agarrarla hacia el oeste. En total unas 2:30 horas, que me permitieron ver el interior de la península de Yucatán y pasar por la frontera que separa el estado de Quintana Roo (donde están Cancún y Playa) de Yucatán (donde está Chichén).

Al llegar, como siempre, tienes que pagar por acceder en tu propio vehículo y luego, como en todo país subdesarrollado los extranjeros pagan el doble por entrar que los mexicanos. Esta ciudad maya, que alcanzó su esplendor entre los siglo X y XIV, está organizada alrededor de la espectacular pirámide de Kukulcán, que aunque no es tan grande como las Teotihuacán, tiene unos detalles ornamentales únicos. Y desde ahí uno empieza a andar por el mayor campo para el juego de pelota maya que existe y que se mantiene perfectamente conservado. Luego hay templos y más templos, el grupo de las mil columnas, un par de cenotes y el observatorio. Fotos preciosas entre el césped, el cielo azul y la belleza de la arquitectura maya.