Monday, October 04, 2010

Domingo mexicano



El día ha empezado pronto. A las 9 de la mañana Kaycita me ha dado un toque, pero ya hacia un rato que estaba perreando en la cama. He bajado al restaurante del hotel, me he calzado unos huevos rancheros (fritos sobre una tortilla y cubiertos en salsa picante) y he pedido un taxi que para las 10 de la mañana. Mi idea era ir a la zona del Zócalo y visitar una exposición en el Palacio Nacional de la que tanta gente me ha hablado. Al llegar al Zócalo se me han quitado las ganas de la exposición: una cola que daba la vuelta a media manzana y que no se movía. Así que he girado por detrás de la Catedral y he ido al Templo Mayor. Este templo se situa donde dice la leyenda que los aztecas vieron la señal para construir Tenochticlan, la antigua Ciudad de México: un águila sobre un cactus con una serpiente en el pico. El templo no se descubrió hasta 1978, ya que antes se habían construido edificios coloniales y nadie había parado a pensar que ahí abajo había algo. Y no fue hasta que unos electricistas descubrieron una piedra de la diosa Coyolxauhqui que decidieron tirar los edificios. Por desgracia lo que queda del templo son las partes inferiores, pero ahí se ve muy bien las 7 etapas de ampliación que se llevaron a cabo.

Del templo azteca me he ido al mayor templo cristiano de la ciudad, la Catedral Metropolitana. Lo que más me ha impresionado ha sido que primero he entrado en otra iglesia, el Sagrario Metropolitano, donde también se oficiaba misa, pero que no era la catedral; solo que están puerta con puerta. La catedral tiene un bello retablo y coro, aunque creo que no puede competir con las europeas. Dando una vuelta, visitando los edificios de la primera imprenta y primera universidad en América, he decidido que el centro no me gustaba mucho y tras la experencia en la casa museo de los Rivera, quería ir a conocer Coyoacán.

He bajado en metro, rápido y muy barato (3 pesos frente a los 150 que te costaría un taxi. Una pena que el metro no llegue a Santa Fe). Una vez más he seguido el camino indicado por la Lonely Planet. Me he bajado en los Viveros, he andado por ellos y luego he ido hacia la pequeña y c(r)oqueta plaza de Santa Catalina. Es una de las cosas que más me gustan de esta ciudad, los tesoros coloniales escondidos en una plaza. Un par de casas bajas de todos los colores (amarillo, verde, azul, rojo...) al lado de un par de casas con patio y jardín (una de ellas abierta al público como centro cultural) y una iglesia de color mostaza que se entreve tras unos árboles frondosos.

He seguido por la avenida de Francisco Sosa y he visto un ambiente muy parecido a lasgrandes y preciosas casas coloniales que vi en San Ángel. Los dos barrios se tocan, pero que se toquen en el DF quiere decir que puedes andar varios kilómetros entre lo que quieras ver. Así he llegado a los Jardines del Centenario y a la plaza Hidalgo, con mucho ambiente, mucha gente y movimiento. Pero yo he venido a este barrio a ver el museo de Frida Kahlo y subiendo por Abasolo he llegado allí.

No sé cuanto tiempo más podré ir por el mundo como estudiante, pero el hecho de tener el Carné Joven de la Comunidad de Madrid hasta los 30 ayuda. He pagado mi entrada reducida y he visto todos los cuadros que vi ayer en el documental sobre Frida. Es impactante (y acojonante de miedo) ver como se enfrentaba esta señora a sus miedos. Representa sus estados de ánimo a través de sus pinturas, y por desgracia no fue una vida demasiado alegre: tuvo un grave accidente de joven (que le hizo estar postrada en cama durante meses y empezó a pintar), luego conocido al amor de su vida que era un Diego Rivera enamorado de su mujer y de otras 100 mujeres, se propuso tener un hijo con Rivera pero nunca pudo por sus problemas de infertilidad y abortos, tuvo graves problemas de espalda y una pierna inutil por la polio que sufrió de pequeña... Imaginaos todo esto representado en unos cuadros en los que abunda su cara dura y fea, sangre por todos lados, mundos imaginarios y alusiones a sus miedos y dolores. Me gusta como alguien que ni estudió ni tuvo contacto con los europeos llegó a tener esa visión surrealista que se estaba cultivando en Europa.

Y como tenía hambre tras el museo he bajado al mercado de Coyoacán a tomarme unas tostadas de camarón y pulpo. En ambos casos la tostada ha sido una toritlla de maiz a la brasa con unos camarones o pulpo preparados medio en ceviche medio en salpicón. Una delicia para acabar el domingo turístico.

1 comment:

kay_fab said...
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